La otra vez miraba hacia arriba, para no tener que mirar los pies de media ciudad ida, fue el día en que alguien se mató en el metro, no sé si fue la primera, la segunda o la quincuagésima vez en lo que va del año, solo me enteré porque ocurrió mientras intentaba pasarme a la línea 1.
Bueno, ¿qué se le va a hacer?, unos vienen, otros van, pensé un poco en esa dichosa ley de equivalencia de intercambio, en Chile nacen del orden de 250.000 personas al año, pero muere un número menor.
Caminaba bajo el Sol, ese día no era de invierno, jugaba a disfrazarse de verano, de un verano renegado, que devolvía la visita que el frío le hizo hace algunos meses. Mucha gente caminaba a mi alrededor, los monumentos estaban copados de personas que se refugiaban en sus sombras, las veredas parecían pistas y los transeúntes autos, autos que corrían en horario punta. Unos pocos estaban en las plazas, haciendo lo que hacen las parejas, un beso furtivo, otros no tan discretos, algunos a plena vista, y muchos sin pudor. La vista se me iba sola hacia estos últimos,
amarse es acaso demostrarlo de esa manera?, hay un placer morboso en hacerlo así, no?
Tantas cosas que no entiendo, como la manera en que los rayos del Sol penetran entre las nubes, y en periodos de asombrosa claridad todo brilla como si estuviera impecable, así mismo como otras veces los haces se extravían allá arriba, dando minutos de penumbra, sombras que se extienden y a veces arropan ánimos, otras alcanzan el alma.
Esos rayos que nunca llegaron, qué se habrán quedado haciendo?
Entre nubes perdieron el rumbo, entre nubes dejaron su luz, y ahora, muchos días después, entre nubes dejo ir mis pensamientos. Cuando ya no puedan retener más cosas, tal vez llueva sobre la ciudad, y las calles quedarán desiertas o se llenarán de paraguas, libertad o paraguas!
Cuando eso ocurra no podré seguir mirando al cielo, porque parecerá que he llorado.
Cuando eso ocurra no podré seguir mirando al cielo, porque parecerá que he llorado.
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