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Me pongo los zapatos antes de salir y escucho la voz de mi madre, como todos los días de escuela, qué bien que este es mi último año.
-Espero que este año hagas algo bueno por tu vida, de lo contrario olvídate de seguir viviendo en esta casa o te pondrás a trabajar en cualquier cosa de inmediato. No me importa si quieres o no.- Dice mi mamá acercándose a mi.
Tan simpática como siempre.
-¡Lo sé!- La interrumpo molesto.
Solo me da una mirada de cabreada y se va caminando por el pasillo. Salgo con calma, no es tarde, este año salgo de la escuela y quede en la universidad que quede me voy de esta casa, si quieren a alguien con futuro ese no soy yo. Joe y Luis son mis hermanos pequeños, pero sé que tienen mucho más futuro que yo. Yo ya estoy perdido.
Pasé por la plaza corriendo, es raro, lo sé, pero cada vez que paso por ahí me dan serios ataques de pánico. El autobús acaba de llegar al paradero, prendo mi reproductor, no quiero escuchar las conversaciones vacías de la gente, y eso me recuerda a que mis compañeros de clase de este año deben ser unos pelmazos. Me hago una imagen mental de lo que veré cuando ponga un pie en el salón. Tipos sentados sobre las mesas, alguno durmiendo, otros tirándose papeles como pendejos, golpeándose, otros burlándose de otros, algunos hablando del programa de farándula de anoche. Y las mujeres, maquillándose, coqueteando, hablando de otras chicas, pendientes de lo que hace la otra, parloteando todo el día cosas que le entran por un oído y le salen por el otro en sus huequitas cabecitas.
Bueno ¿qué creen? cuando entré al salón era todo exactamente igual y mi llegada no fue motivo de sorpresa, nadie se molesto en mirar al nuevo alumno y esta bien, no quiero hablar con ninguno de ellos. Es la clase de Matemáticas, cómo las odio. Estaba tan aburrido qué desvié mi vista del pizarrón y miré el patio de la escuela por la ventana, no había casi nadie y en un rincón un chico sentado bajo un árbol. Qué solitario se ve. Me recuerda a mí. Me gustaría conocerlo. De repente algo muy anormal se apareció frente a él, ¿Qué es eso? No, no puede ser…Debo estar alucinando. No es posible que esto pase otra vez. Mire al pizarrón. Estaba sudando y temblando. Mire nuevamente a la ventana y aún estaba ahí. ¡Es real! ¡Es un payaso! ¿Pero qué…? Oh, no, lo peor está pasando, ¡lo esta apuñalando!
De repente me vi en mi cuarto de cuando era un niño lleno de juguetes en repisas, juguetes destrozados y muñecos con las lágrimas marcadas en las mejillas. Estoy ahí llorando. ¿Qué pasará ahora? ¿Por qué tengo miedo? Katherine en el otro extremo de la habitación. Qué alivio. Katherine, me siento tan contento de verte otra vez. Corro y le doy un fuerte abrazo. Había olvidado lo bien que se sentía abrazarla. Y sentí de pronto un sonido desagradable, como cuando alguien vomita. Sé lo qué paso. Esta escena se repite infinitas veces en las noches mientras duermo. Miro el piso, y como esperaba. La cabeza de mi hermanita de desprendió y calló al suelo destrozando su hermosa carita de niña.
-¡¿Usted señor, acaso cree qué la ventana es más importante que mi clase?!- La voz de mi profesor interrumpe la horrible visión
Solo me quede en silencio mirando a la ventana aún.
Las muchachas estallaron en gritos de horror, chillaban y unas cuantas lloraban. Los hombres se estamparon en la ventana.
-¡Oh, por Dios! ¡Profesor¡ ¡afuera! ¡Mire!- Grita una chica que estaba cerca de mi al ver la misma escena que yo.
-Esto no puede estar pasando…- Dice mi profesor, su piel se volvió pálida –¡Todos retírense a sus casa y no quiero a nadie en el patio!
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